Por orden de Felipe IV, en 1624, D. Francisco de
Mendoza ordenó crear la fortaleza en el monte de Santa Catalina para defender Málaga
de los ataques enemigos. Los arquitectos del rey buscaron un enclave estratégico:
el Cerro de Miramar, llave de paso entre el Mediterráneo y la Serranía, el
lugar más privilegiado de la ciudad. En la parte posterior, hacia el norte, se
erigen sendas torres circulares unidas por cinco arcos de herradura. A principios del siglo XX, el Castillo hacía décadas
que no cumplía su función de torre vigía y su abandono le daba un carácter romántico
muy acorde con la época. Fue un malagueño, enamorado de la zona, Don Manuel
Loring Martínez, Conde de Mieres, quien decidió construir una residencia junto
al fortín en 1932. Un pequeño palacete de estilo neoárabe, ajeno a las
tendencias modernistas de la época. Destacaba la vitalidad de su color rojizo y
su aire hispanomusulmán. Una residencia de recreo con todo el lujo que
levantaron los arquitectos franceses Levard y Lahalle, y que dominaría la zona
residencial de Miramar y la playa de La Caleta.
Added on Thu, Feb 19th 2009